..."De la nada un libro cae al suelo, y mejor creer que fue el viento. No está como para andar preocupándose por cuestiones de fe o de salud mental. Si a fin de cuentas el alma está en otra parte, no en la cabeza, no es un extremo tocable, sino en la unión del miedo con la respiración. No quiere volver a romperle nunca más el corazón a una chica. Al contrario, en noches como esta rogaría porque se metieran todas juntas en su cama, que todas dejaran sus horquillas sobre el velador, desde la primera a la última desconocida, Nadia, Ariadna, amigas, polvos malos o antiguas amantes que fueron sumándose, capas geológicas, Trini, Daniela, Vivi, Delfina, Albertina, la del vestidito celeste del colectivo y la hija mayor del chino que atiende la caja, y hablen entre ellas en un susurro cómplice y lo acaricien mientras se queda dormido.
O no: a Nadia debería haberla violado contra la pared. Claro que hay una diferencia, pero es de grado, y de cuánto, exactamente, entre violar al voleo y metérsela de prepo a una amante renuente. Las veces que la pelirroja lo había empezado a hacer medio a desgano, accediendo a un favor, para terminar gimiendo descontrolada. Si ella no vuelve ni llama pronto, perdió a la única mujer que en los últimos meses demostró interés por él."...