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Trampa de luz - Matías Capelli

..."De la nada un libro cae al suelo, y mejor creer que fue el viento.  No está como para andar preocupándose por cuestiones de fe o de salud mental.  Si a fin de cuentas el alma está en otra parte, no en la cabeza, no es un extremo tocable, sino en la unión del miedo con la respiración.  No quiere volver a romperle nunca más el corazón a una chica.  Al contrario, en noches como esta rogaría porque se metieran todas juntas en su cama, que todas dejaran sus horquillas sobre el velador, desde la primera a la última desconocida, Nadia, Ariadna, amigas, polvos malos o antiguas amantes que fueron sumándose, capas geológicas, Trini, Daniela, Vivi, Delfina, Albertina, la del vestidito celeste del colectivo y la hija mayor del chino que atiende la caja, y hablen entre ellas en un susurro cómplice y lo acaricien mientras se queda dormido.
    O no: a Nadia debería haberla violado contra la pared.  Claro que hay una diferencia, pero es de grado, y de cuánto, exactamente, entre violar al voleo y metérsela de prepo a una amante renuente.  Las veces que la pelirroja lo había empezado a hacer medio a desgano, accediendo a un favor, para terminar gimiendo descontrolada.  Si ella no vuelve ni llama pronto, perdió a la única mujer que en los últimos meses demostró interés por él."...


Tres luces - Claire Keegan

..."- ¿Preferirías que te deje la luz?
    - Ajá -digo-. Sí.
    - ¿Te da miedo la oscuridad?
Quiero decir que me da miedo, pero también me da miedo decirlo.
    - No te preocupes -dice-. No importa. Puedes usar el baño que hay pasando nuestro cuarto, pero, si prefieres, también hay una taza de noche.
    - Yo me arreglo -digo.
    - ¿Tu mami está bien?
    - ¿A qué te refieres?
    - A tu mami. ¿Está bien?
    - Solía estar enferma a la mañana, pero ahora no.
    - ¿Por qué no cortaron el heno?
    - Porque ella no tenía suficiente para pagarle al hombre. Apenas le pagó por el año pasado.
    - Dios la ayude -dice estirando la sábana y plegándola-. ¿Te parece que se ofendería si yo le mandara un poco de dinero?
    - ¿Ofenderse?
    - ¿Crees que le molestaría?
Lo pienso un rato, trato de imaginarme ser mi madre.
    - A ella no, pero a Pa, sí.
    - Ah, sí -dice-. Tu padre.
   Entonces se inclina sobre mí y me da un beso, un simple beso y se despide.  Cuando se ha ido, me siento y miro el cuarto.  Hay trenes de todos colores corriendo a toda velocidad sobre el empapelado.  Esos trenes no tienen vías, pero aquí y allá, un niñito se mantiene a distancia, saludando con el brazo.  Se lo ve feliz, pero alguna parte de mí siente lástima por cada una de sus versiones.  Giro del otro lado y, aunque sé que no quiere ni uno ni otro, me pregunto si mi madre esta vez tendrá una nena o un varón.  Pienso en mis hermanas, quienes todavía no estarán en la cama.  Estarán arrojando sus bollos de arcilla contra el gablete de la letrina, y cuando llueva, la arcilla se ablandará y se volverá barro.  Todo se transforma en otra cosa, se convierte en alguna versión de lo que antes fue.
   Me quedo despierta todo lo que puedo, luego me levanto y uso la taza, pero solo me salen unas gotitas.  Vuelvo a la cama, muerta de miedo, y que quedo dormida.  Más tarde, en algún momento de la noche -me parece que mucho más tarde-, la mujer entra.
Me quedo quieta y respiro como si no me hubiese despertado.  Siento que el colchón se hunde, el cuerpo de ella sobre la cama.
   -Dios te ayude, criatura -dice-.   Si fueras mías, jamás te hubiera dejado en una casa con extraños."...



Comer Rezar Amar - Elizabeth Gilbert

..."Como les sucede a la mayoría de los humanoides, cargo con lo que los budistas llaman la "mente del mono", es decir, esos pensamientos que saltan de rama en rama, parando sólo para rascarse, escupir y aullar.  Desde el remoto pasado hasta el ignorado futuro mi mente se columpia frenéticamente por los confines del tiempo, abordando docenas de ideas por minuto sin control ni disciplina alguna.  Esto en sí no supone necesariamente un problema; el problema es el estado de ánimo que acompaña al pensamiento.  Las ideas alegres me ponen de buen humor, pero -¡plaf!- de golpe vuelvo a la preocupación obsesiva y estropeo el asunto; y entonces recuerdo un momento de indignación y me vuelvo a acalorar y enojar; pero entonces mi mente decide que es un buen momento para compadecerse y entonces me siento sola otra vez.  Al fin y al cabo somos lo que pensamos.  Los sentimientos son esclavos de los pensamientos y uno es esclavo de sus sentimientos.
    El otro inconveniente de columpiarse por las viñas del pensamiento es que nunca estás donde estás.  Siempre estás escarbando en el pasado o metiendo las narices en el futuro, pero sin detenerte en un momento concreto.  Se parece un poco a esa costumbre que tiene mi querida amiga Susan que, cuando ve un lugar lindo, exclama medio aterrada: "¡Qué hermoso es esto! ¡Quiero volver alguna vez!" y tengo que usar todo mi poder de persuasión para convencerla de que ya está ahí.  Si buscas una unión con lo divino, lo de columpiarse de aquí para allá es un problema.  Si a Dios lo llaman presencia es por algo: Dios está aquí ahora mismo.  El lugar donde hallarlo es el presente y el momento es ahora."...




La película: Eat Pray Love

A diferencia del libro, que es fresco, ágil y de lectura amable, la película resulta de una infantilidad suprema. No logra captar el espíritu del libro. Aburrida y previsible.





Trailer: Eat Pray Love
Dirección: Ryan Murphy
Año: 2010
Protagonistas: Julia Roberts, Javier Bardem, Richard Jenkins.
Duración: 133 minutos

La bailarina de Izu - Yasunari Kawabata

..."La muchacha que observaba y la muchacha observada lloraron al unísono.  Y, a medida que la película continuaba, juntas sintieron la pena de perder la virginidad.
    No sólo recordaba esa espantosa época del pasado; sintió como si ahora la estuviera experimentando de nuevo.  Incluso cuando habían filmado la escena no había actuado; había sentido como si reviviera aquel horrible suceso con todo su cuerpo.
    En otras palabras, hasta ahora había perdido la virginidad tres veces.  En otras palabras, había sido virgen tres veces.
    Mientras sufría su tercera tristeza, un hombre y una mujer se acomodaron en los asientos de adelante.  Sin pensar, empezó a hablarles.  Eran una actriz y el director de su estudio.
    De inmediato, la actriz se volvió hacia el director como para superponer su blanco perfil sobre el rostro lacrimoso de la pantalla.  Le susurró algo.
    -Mira eso.  No parece una ingenua virgen.  Su cuerpo ha perdido toda forma.  Oh, y allí, sus pechos...
    -¡Ah! ¡No puedo matarla!- Ella se deslizó por el asiento y cayó al piso sobre una rodilla, como si estuviera clavando un cuchillo.
    Por primera vez en su vida, la actriz había encontrado un enemigo de verdad.
    La cuarta vez que perdió la virginidad fue con esa actriz, y esta vez sin dejar rastro, ni una sombra.
    Un hombre nunca puede robarle la virginidad a una mujer."....



Sputnik, mi amor - Haruki Murakami

..."Quizá todas las cosas ya estén perdidas de antemano secretamente en algún lugar remoto.  Al menos existe un lugar tranquilo donde todas las cosas van fundiéndose, unas sobre otras, hasta conformar una única imagen.  A medida que vamos viviendo no hacemos más que descubrir, una tras otra, como si tirásemos de un hilo muy fino, esas coincidencias.  Cerré los ojos e intenté recordar el mayor número de cosas bellas perdidas.  Intenté retenerlas en mi mano.  Aunque sólo fuera un instante."...


Lo bello y lo triste - Yasunari Kawabata

..."El tiempo pasó.  Pero el tiempo se divide de muchas corrientes.  Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros.  el tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona.  El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo.
    Al aproximarse a los cuarenta, Otoko se preguntaba si el hecho de que Oki siguiera dentro de ella significaba que esa corriente del tiempo se había estancado, en lugar de seguir su curso.  ¿O acaso la imagen que ella conservaba de él había flotado con ella a través del tiempo como una flor que avanza aguas abajo?  Ella ignoraba cómo había flotado su propia imagen en la corriente de Oki.  No podía haberla olvidado; pero, sin duda, el tiempo había corrido de manera diferente para él.  Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, ni siquiera cuando son amantes..."...




Tokio blues Norwegian Wood - Haruki Murakami

..."-Me pregunto si tú, Naoko y yo sabremos ayudarnos.  Siendo sinceros, deseando ayudarnos.  Si nos esforzamos puede ser muy efectivo.  ¿Hasta cuándo vas a quedarte?
    -Tengo que estar de vuelta antes de pasado mañana por la tarde.  Debo ir a trabajar y, además, el jueves tengo examen de alemán.
    -Bien.  Puedes quedarte con nosotras.  Así no te costará dinero y podréis hablar sin preocuparos de la hora.
    -¿Con vosotras?
    -Con Naoko y conmigo -dijo Reiko-.  En la habitación hay dos camas y tenemos un sofá cama.  Dormirás bien.  No te preocupes.
    -¿No está prohibido?  ¿Un hombre viene de visita y se aloja en una habitación con mujeres?
    -Supongo que no irrumpirás a la una de la madrugada para violarnos, ¿no?
    -¡No!
    -Entonces no hay ningún problema.  Te quedas con nosotras y así podremos hablar.  Es lo más cómodo.  Podremos conocernos mejor y tocaré la guitarra en tu honor.  Soy bastante buena.
    -¿No será una molestia?
Reiko tomó el tercer cigarrillo Seven Stars, que encendió torciendo las comisuras de los labios.
    -Nosotras ya lo hemos discutido.  Y te invitamos las dos.  Personalmente.  Así que haz el favor de ser educado y aceptar la invitación, ¿no te parece?
    -Por supuesto.  Con mucho gusto.
Reiko me miró durante unos instantes en que se le hicieron más profundas las arrugas del rabillo del ojo.
    -No sé.  Hablas de una manera un poco extraña -replicó-.  No estarás imitando al personaje de El guardián entre el centeno, ¿verdad?
    -¡No! -Me reí.
Reiko, con el cigarrillo entre los labios, también se rió. 
    -Eres un buen chico.  Mirándote, me he dado cuenta.  En los siete años que llevo aquí he visto ir y venir a mucha gente.  Así que lo sé.  Hay dos tipos de personas: los que son capaces de abrir su corazón a los demás y los que no.  Tú te cuentas entre los primeros.  Puedes abrir tu corazón siempre y cuando quieras hacerlo.
    -¿Y qué sucede cuando lo abres?
Reiko, con el cigarrillo entre los labios, juntó las palmas de las manos con aire divertido.
    -Que te curas -afirmó.
La ceniza del cigarrillo cayó sobre la mesa, pero a ella no pareció importarle."...








Película: Norwegian Wood

Después de haber leído el libro de Murakami, intentar ver la película representó un grave problema: no es más que una sucesión de escenas inconexas sin sustento. 







Trailer: Norwegian Wood
Dirección: Anh Hung Tran
Año: 2010
Protagonistas: Kenichi Matsuyama, Rinko Kikuchi, Kiko Mizuhara, Reika Kirishima, Kengo Kôra, Eriko Hatsune, Tetsuji Tamayama.
Duración: 133 minutos

La elegancia del erizo - Muriel Barbery

..."He tomado pues una decisión.  Pronto dejaré atrás la infancia y, pese a mi certeza de que la vida es una farsa, no creo que pueda resistir hasta el final.  En el fondo, estamos programados para creer en lo que no existe, porque somos seres vivos que no quieren sufrir.  Por ello empleamos todas nuestras energías en convencernos de que hay cosas que valen la pena y que por ellas la vida tiene sentido.  Por muy inteligente que yo sea, no sé cuánto tiempo aún podré luchar contra esta tendencia biológica.  Cuando entre en el mundo de los adultos, ¿seré todavía capaz de hacer frente al sentimiendo de lo absurdo? No lo creo.  Por eso he tomado una decisión: al final de este curso, el día en que cumpla 13 años, el próximo 16 de junio, me suicidaré."...



Película: El encanto del erizo





Trailer: El encanto del erizo
Dirección: Mona Achache
Año: 2009
Protagonistas: Josiane Balasko, Garance Le Guillermic, Togo Igawa, Anne Brochet.
Duración: 96 minutos

El pabellón de las Peonías - Lisa See

..."-¿Por qué tener hijos y ocuparnos de nuestros hogares tiene que impedirnos deliberar sobre los asuntos públicos y sobre el futuro de nuestro país? -continuó Lin Yining-. Casarnos y tener hijos no es lo único que nos confiere dignidad.
-Dices eso porque te gustaría ser un hombre- intervino Gu Yurei.
-Si me educó mi madre, ¿cómo iba a desear ser un hombre?- replicó Yining; tenía una mano en el agua, y sus dedos formaban pequeñas ondas en la superficie del lago-. Y yo también soy esposa y madre. Pero si hubiera nacido varón, habría tenido más éxito.
-Si fuéramos hombres -intervino otra-, quizá los manchúes no nos dejarían escribir ni publicar nuestras obras.
-Lo único que digo es que también tengo hijos mediante mis escritos- aclaró Yining.


Pensé en mi fracasado proyecto. ¿No era como un hijo que yo intentaba traer al mundo para vincularme a Ren? Esa idea me hizo estremecer. El amor que sentía por mi poeta no había desaparecido; sólo había cambiado, haciéndose más profundo, como el vino al fermentar o los encurtidos al curarse, e iba ocupándome con la determinación del agua que avanza hacia el centro de una montaña.
En lugar de dejar que mis emociones me torturaran, empecé a sacarles provecho. Cuando una de las poetisas se encallaba componiendo un poema, la ayudaba. Si Lin Yining empezaba un verso escribiendo "Siento una afinidad con...", yo lo terminaba con las palabras "la neblina y las nubes". La luna llena brillaba, espectacular, entre las nubes, pero a veces también nos inspiraba la melancolía y nos recordaba lo efímero de la vida. Cuando nos invadía la pena, esas poetisas recordaban las voces de las mujeres perdidas y desesperadas que habían escrito en las paredes durante el Cataclismo.
"Mi corazón está vacío y mi vida ya no vale nada. cada momento, un millar de lágrimas", recitó Gu Yurie un día, recordando el poema que tan bien describía mi trise existencia.
Las integrantes de El Bananar podían bromear sobre la poca importancia que les daban los manchúes, pero era evidente que estaban alterando el orden moral. ¿Cuánto tardarían los manchúes y sus seguidores en enviar a todas las mujeres -tanto a las que paseaban por el lago los días cálidos de primavera como a las que se limitaban a leer para expandir sus corazones- a sus aposentos interiores para siempre?"...

La casa de las bellas durmientes - Yasunari Kawabata

..."Su cuerpo había sido tan usado por los clientes ancianos que la mujer de la casa la había descrito como "experimentada", y no obstante, era virgen.  Tuvo pensamientos casi paternales mientras se preguntaba qué vicisitudes esperaban en los años venideros a esta muchacha hechicera.  Sus pensamientos probaban que también Eguchi era viejo.  No cabía duda de que la chica estaba aquí por dinero.  Tampoco cabía la menor duda de que para los ancianos que pagaban ese dinero dormir junto a semejante muchacha era una felicidad fuera de este mundo.  Como ella no se despertaría, los viejos huéspedes no tenían que sentir la vergüenza de sus años.  Eran completamente libres de entregarse sin limitaciones a sueños y recuerdos de mujeres.  ¿No era eso por lo que no dudaban en pagar más que por mujeres despiertas?  Además, a los ancianos les inspiraba confianza saber que las muchachas dormidas para su placer no sabían nada de ellos.  Tampoco los ancianos sabían nada de las chicas, ni siquiera cómo iban vestidas, para que nada diera indicios de su posición y carácter.  Los motivos iban más allá de cuestiones tan simples como la inquietud sobre complicaciones ulteriores.  Eran una luz extraña en el fondo de una profunda oscuridad.




Pero el viejo Eguchi aún no estaba acostumbrado a tener por compañía a una muchacha que no decía nada, una muchacha que no abría los ojos ni daba muestras de advertir su presencia.  La nostalgia inútil aún no lo había abandonado.  Quería ver los ojos de esta joven hechicera.  Quería oír su voz, hablar con ella.  La necesidad de explorar con sus manos a la muchacha dormida era menos fuerte.  De hecho, había en ella cierta indiferencia.  Puesto que la sorpresa lo había obligado a desechar toda idea de violar la regla secreta, imitaría la conducta de otros ancianos.  La muchacha de esta noche, pese a estar dormida, tenía más vida que la de la otra noche.  Había vida, y del modo más enfático, en su fragancia, en su tacto, en sus movimientos.
   Como la otra vez, junto a su almohada había dos píldoras sedantes.  Pero esta noche tenía la intención de no dormirse inmediatamente.  Contemplaría un rato más a la muchacha.  Sus movimientos eran enérgicos, incluso durante el sueño.  Daba la impresión de que se daría vuelta veinte o treinta veces en el curso de una noche. Le dio la espalda, y casi enseguida se volvió de nuevo hacia él, y lo tocó con un brazo.  Eguchi tomó la rodilla y la atrajo hacia él."...

El abanico de seda - Lisa See

..."Tres días antes de mi boda empecé las ceremonias relacionadas con el Día de la Pena y las Preocupaciones.  Mi madre se sentó en el  cuarto peldaño de la escalera que conducía a la habitación de arriba, las mujeres de nuestro pueblo vinieron a presenciar los lamentos y todos exclamaron ku, ku, ku entre sollozos.  Cuando mi madre y yo hubimos terminado de llorar y cantarnos una a otra, repetí el rito con mi padre, mis tíos y mis hermanos.  Es cierto que era valiente y pensaba sin temor en mi nueva vida, pero mi cuerpo y mi alma estaban debilitados por el hambre, pues la novia no puede comer durante los diez últimos dáis de las ceremonias de la boda.  ¿Observamos esa tradición para que nos entristezca aún más dejar a nuestra familia, para estar más complacientes cuando llegamos a la casa de nuestro esposo, o para que éste nos encuentre más puras?  ¿Cómo  voy a saberlo?  Lo único que sé es que mi madre, como la mayoría de las mujeres, escondió unos huevos duros para mí en la habitación de las mujeres; sin embargo, no me proporcionaban mucha fuerza, y mis emociones se debilitaban con cada nuevo evento.
    A la mañana siguiente me despertaron los nervios, pero Flor de Nieve estaba a mi lado, y con sus suaves dedos en mi mejilla intentó tranquilizarme.  Ese día iban a presentarme a mis suegros y yo tenía tanto miedo que no habría podido comer aunque hubiese estado permitido.  Me ayudó a ponerme el traje nupcial que yo misma había confeccionado: una túnica corta sin cuello, ceñida con un cinturón, y unos pantalones largos.  Luego deslizó en mi muñeca los brazaletes de planta que me había enviado la familia de mi esposo y me ayudó a ponerme los otros regalos: los pendientes, el collar y las horquillas.  Los brazaletes hacían un ruido metálico y los dijes de plata que yo había cosido en mi túnica tintineaban armoniosamente.  Calzaba los zapatos rojos de boda y lucía un ornado tocado con cuentas perladas y alhajas de plata que temblaban cuando caminaba, movía la cabeza o no podía contener mis sentimientos.  De la parte delantera del tocado colgaban unas borlas rojas que formaban un velo y me impedían ver.  Para no perder el decoro debía mantener la vista fija en el suelo.




 

  Flor de Nieve me guió hasta la planta baja.  Que no viera no significaba que infinidad de emociones no me recorrieran el cuerpo.  Oí los irregulares pasos de mi madre, a mi tía y mi tío hablar en voz baja, y a mi padre arrastrar la silla al levantarse.  Fuimos juntos hasta el templo de Puwei, donde agradecí a mis antepasados la vida que había tenido.  Flor de Nieve no se separó ni un momento de mí; me conducía por callejones, me susurraba palabras de ánimo al oído y me recordaba que debía apresurar el paso, si podía, porque mis suegros no tardarían en llegar."...