El pabellón de las Peonías - Lisa See

..."-¿Por qué tener hijos y ocuparnos de nuestros hogares tiene que impedirnos deliberar sobre los asuntos públicos y sobre el futuro de nuestro país? -continuó Lin Yining-. Casarnos y tener hijos no es lo único que nos confiere dignidad.
-Dices eso porque te gustaría ser un hombre- intervino Gu Yurei.
-Si me educó mi madre, ¿cómo iba a desear ser un hombre?- replicó Yining; tenía una mano en el agua, y sus dedos formaban pequeñas ondas en la superficie del lago-. Y yo también soy esposa y madre. Pero si hubiera nacido varón, habría tenido más éxito.
-Si fuéramos hombres -intervino otra-, quizá los manchúes no nos dejarían escribir ni publicar nuestras obras.
-Lo único que digo es que también tengo hijos mediante mis escritos- aclaró Yining.


Pensé en mi fracasado proyecto. ¿No era como un hijo que yo intentaba traer al mundo para vincularme a Ren? Esa idea me hizo estremecer. El amor que sentía por mi poeta no había desaparecido; sólo había cambiado, haciéndose más profundo, como el vino al fermentar o los encurtidos al curarse, e iba ocupándome con la determinación del agua que avanza hacia el centro de una montaña.
En lugar de dejar que mis emociones me torturaran, empecé a sacarles provecho. Cuando una de las poetisas se encallaba componiendo un poema, la ayudaba. Si Lin Yining empezaba un verso escribiendo "Siento una afinidad con...", yo lo terminaba con las palabras "la neblina y las nubes". La luna llena brillaba, espectacular, entre las nubes, pero a veces también nos inspiraba la melancolía y nos recordaba lo efímero de la vida. Cuando nos invadía la pena, esas poetisas recordaban las voces de las mujeres perdidas y desesperadas que habían escrito en las paredes durante el Cataclismo.
"Mi corazón está vacío y mi vida ya no vale nada. cada momento, un millar de lágrimas", recitó Gu Yurie un día, recordando el poema que tan bien describía mi trise existencia.
Las integrantes de El Bananar podían bromear sobre la poca importancia que les daban los manchúes, pero era evidente que estaban alterando el orden moral. ¿Cuánto tardarían los manchúes y sus seguidores en enviar a todas las mujeres -tanto a las que paseaban por el lago los días cálidos de primavera como a las que se limitaban a leer para expandir sus corazones- a sus aposentos interiores para siempre?"...

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